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     A modo de breve nota histórica sobre la era en que escribió, consideremos someramente lo que los historiadores han descrito como “un mundo desorientado”. Por ejemplo, vamos a leer sobre una “gran masa de motines y conmoción civil”, y la frase es definitivamente apropiada con doscientas ciudades americanas estallando en motines entre 1968 y 1969. (Aunque la cifra puede debatirse en cierta medida, ya que el Departamento de Justicia de Estados Unidos trató de re-clasificar todos aquellos incidentes –los saqueos, los incendios premeditados y los estragos– que duraron menos de doce horas, como un mero “disturbio grave”.) De todas maneras, el Departamento no pudo re-clasificar los 35.000 asaltos a oficinas y a agentes federales, ni los cuatro mil bombazos por motivos políticos. De forma similar, leeremos sobre una revuelta universitaria sin precedente, y de nuevo la frase es apropiada, ya que cien campus norteamericanos sufrieron de la violencia en masa y premeditada, de estudiantes entre enero y junio de 1968, y existen cifras equivalentes a lo largo de Europa Occidental y de Europa Oriental. Luego, además, leeremos sobre una comunidad empresarial que observa aletargada la “ruina económica”, una Rama Ejecutiva de los Estados Unidos que desprecia la Declaración de Derechos, y una Oficina Federal de Investigación igualmente corrupta. Todo esto enfatizado aún más por tópicos de la época como “rust-belts,”* , Watergate y la “vida privada” de J. Edgar Hoover.

     Sin embargo, el verdadero cáncer a lo largo de esas “décadas de crisis”, como también han llamado los historiadores a esta época, es lo que generalmente se le ha escapado al historiador que sigue la corriente principal, y que LRH revela con una profundidad que no se encuentra en ninguna otra parte; es decir, la subversión cultural más profunda que surge del establishment psiquiátrico y psicológico, como está representada con diversas designaciones por una Asociación Psiquiátrica Americana, una Asociación Psicológica Americana y una Federación Mundial de Salud Mental. Como veremos, LRH tiene además mucho que decir sobre la presencia psiquiátrica dentro de una comunidad de inteligencia en Estados Unidos, que originalmente se reclutó bajo el estandarte del control del comportamiento o control mental, pero que al final sirvió como una pieza del engranaje psico-político aún más siniestro dentro de la maquinaria de la Guerra Fría. Finalmente, también leeremos sobre una intrusión psiquiátrica en el campo educativo con una “ciencia de saliva” y las conmensurables “siniestras implicaciones” de la invasión de la psiquiatría en los sistemas judiciales.

     Pero el punto de mayor importancia es simplemente este: si el nombre de L. Ronald Hubbard al final llegara a resultar ser una obsesión psiquiátrica, –en la que al menos dos millones de dólares de la psiquiatría se habían destinado a la destrucción de su obra para 1955 e incontables millones a partir de entonces– esa obsesión es sólo un aspecto periférico de la historia que él revela. De hecho, la psiquiatría se cierne agigantándose amenazadoramente en estos ensayos, ya que encarna un terror a nivel mundial dirigido contra poblaciones y panoramas enteros. Además, y aún más pertinente al punto de mayor importancia: “No es un ‘síntoma de los tiempos’ que las cosas anden mal en Occidente. Se han planificado así cuidadosamente”.

     Por consiguiente, sin duda nuestros pies van a hollar un terreno fascinante, ya que entre otros temas relacionados con estos planes elaborados cuidadosamente, que aquí se tratan: el elegir como blanco a las minorías para el deterioro de toda libertad individual, la manipulación de los medios de comunicación social para moldear la opinión popular, el manejo ineficiente de la economía con el fin de desgastar la estructura social, y el reconstruir la personalidad humana mediante sustancias químicas, para convertirla en una mentalidad sumisa y de “buen perro”.

     Como nota final de introducción, permítasenos reiterar que la mayor parte de estos ensayos fueron el resultado de un proyecto mucho mayor cuyo objetivo fue escribir “La causa y prevención de la revolución”. Y aunque esa obra nunca se concluyó, sí gozamos de lo que LRH intentaba usar como capítulo inicial: “Voces fuertes en la tierra”.

     En una palabra, ese capítulo parecería resumir, no sólo todas las obras de esta publicación, sino la cruzada más amplia de los Cienciólogos de todas partes, o en lo que a eso respecta, la de cualquiera que sea un Cienciólogo de corazón por su dedicación a la dignidad y a la libertad de la humanidad. Pero en todo caso, la siguiente declaración de apertura, con toda seguridad refleja una visión perdurable de LRH de que todos los que trabajan en pro de la libertad individual representan una voz que ningún gobierno puede ignorar. También refleja el hecho de que, según LRH continuaba su investigación y escribía los ensayos que aquí se publican, la mayoría de los Cienciólogos pronto se animaron también a elevar una fuerte voz y, así, merecieron también el título de Paladines de la Libertad.

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