SOBRE ELGOBIERNO

A
unque no abogaba por ningún sistema político en particular, excepto un sistema por y para la gente, sin embargo L. Ronald Hubbard tuvo mucho que decir sobre el gobierno de las naciones. Su preocupación por el tema es suficientemente simple para explicarla, en vista de lo que descubrimos dentro del propio Credo de la Iglesia de Scientology: “Nosotros, los de la Iglesia, creemos que todos los hombres de cualquier raza, color o credo fueron creados con los mismos derechos”, y “que todos los hombres tienen derechos inalienables a pensar libremente, a hablar libremente, a escribir libremente sus propias opiniones, y a oponerse, pronunciarse o escribir sobre las opiniones de otros”.
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Además, tal y como hemos dicho, cualquier “fuente prolífera de supresión” se convierte en un “campo que se puede comentar legítimamente”. Pero al considerar los ensayos de LRH con relación a la forma gubernamental, las enmiendas gubernamentales y la tiranía gubernamental, estamos considerando un compromiso de LRH mucho más extenso para con la libertad del individuo. Como en el clásico ejemplo en que se refiere a su advertencia al ex primer ministro de Sudáfrica, Dr. Hendrik Verwoerd, y su subsiguiente destierro de la nación. De hecho, los grupos psiquiátricos, tanto en Sudáfrica como en Rhodesia, han declarado a L. Ronald Hubbard
persona non grata por proponer constituciones requiriendo el fin del apartheid y la adopción del sufragio universal.

     Con relación al estado de los gobiernos en la época en que él escribió, agreguemos algunas palabras más a modo de explicación. Al hablar de las pantallas de la psiquiatría dentro de los pasillos federales de los Estados Unidos, menciona a esa asociación secreta de la Guerra Fría entre una milicia americana y los psiquiatras de los departamentos de guerra psicológica ad hoc; principalmente una Junta de Estrategia Psicológica encargada de aportar sus opiniones sobre políticas de contragolpe nuclear y lo que se describió como los componentes psicológicos de una fanfarronada termonuclear. En la agenda había también recomendaciones psiquiátricas para el control de poblaciones asustadas y la introducción real del miedo: como hacer propaganda intencional de las capacidades soviéticas de ataque con misiles, para ayudar a engendrar el apoyo para los gastos militares anuales de unos cincuenta mil millones de dólares.

     Al hablar sobre un gobierno americano en desacuerdo, tanto con la Constitución de los Estados Unidos como con la Declaración de Derechos, LRH está mencionando el mandato sumamente oscuro del entonces presidente Richard M. Nixon. Entre otras intrigas totalmente inconstitucionales tramadas en la Casa Blanca de Nixon, y una que es particularmente pertinente aquí, fue la recopilación de la infame “Lista de Enemigos de Nixon”, que incluía, por cierto, a LRH y a la Iglesia de Scientology.

     Aquellos que aparecían en la lista, y por tanto los que se oponían a la marca de Nixon de un gobierno totalitario, estaban sujetos a un intenso acoso federal por parte del Departamento de Justicia, del Buró Federal de Investigación (FBI) y de agentes co-conspiradores del Servicio de Recaudación de Impuestos. En general, ese acoso se convirtió en una investigación implacable y continuas auditorías de impuestos. Para dar una idea de cuán efectivos eran estos métodos, se debe considerar esto: de los 213 nombres de la lista de Nixon, a 211 se les dejó en bancarrota, colapsados, disueltos y muertos de alguna otra manera. De hecho, de los nombres de personas y organizaciones que aparecían en la infame lista de enemigos, sólo dos sobrevivieron y todavía existen hoy: L. Ronald Hubbard y la Iglesia de Scientology.

     También es altamente significativo el hecho de que LRH escribiera sobre estos temas ya en 1969, o cuatro años enteros antes de que el mundo se hubiera enterado del auténtico “Dick el Tramposo*. Por si fuera poco, Nixon está entre las figuras más vengativas de la historia norteamericana, y uno no criticaba a ese individuo si no lo hacía con verdadera convicción y valentía.

     Finalmente, al hablar de la revuelta popular durante estos años, LRH está mencionando temas tales como la Convención Nacional Democrática de 1968, donde unos 12.000 disidentes –principalmente estudiantes en protesta por la participación de Estados Unidos en Vietnam– se descolgaron en masa sobre Chicago para una confrontación sangrienta con la policía local, mientras otros ochenta millones de americanos lo vieron todo por televisión.


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