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Patriotismo - 1 DE MARZO DE 1969


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“Incluso en el pequeño asunto de la multa de estacionamiento, está en riesgo. La ponen en el limpiaparabrisas; no la entregan adecuadamente. Esta vuela. Él nunca la ve. Es llevado al tribunal, multado por algo de lo que no sabía nada”.

P
ara un oficial que trabajó duro, corriendo riesgos con el resto de los aliados, e incluso sacrificó su salud para liberar al mundo de las violaciones nazis de los derechos humanos, es un poco difícil comprender que su propio gobierno y sus aliados después de la guerra no sólo cerraran los ojos a una nueva eclosión de violaciones nazis en sus propios países, sino que esas fueran activamente financiadas hasta un grado de miles de millones y ellos comenzaran a aceptar las órdenes de aquellos cuyas prácticas diferían de las nazis sólo en la ausencia de una esvástica.

     Ver a un ministro de salud, como Robinson*, escribir en su propio libro que las aprehensiones ilegales y fáciles de cualquier persona tenían que llegar a estar a la orden del día, saber que era en realidad el vicepresidente de un grupo psiquiátrico privado, saber de sus irregularidades financieras como representante de su grupo, y sin embargo ver a un gobierno obedecerle de forma incuestionable, es suficiente para dejarme con cierto desengaño amargo, por no decir otra cosa.

     Durante más de veinte años he observado gobiernos en Occidente hacer más y más fácil el aprehender personas sin órdenes judiciales o procedimientos legales establecidos. He visto “demencia” redefinida como: quien discrepa de la autonomía social. Con mis propios ojos, he visto torturar y asesinar a hombres y mujeres en “hospitales”. He escuchado a los psiquiatras detallar sus experimentos inhumanos y alardear de sus orgías sexuales con pacientes y de la esterilización de aquellos con los que querían tener un “pasatiempo”.

     En todo este tiempo, no he visto que ayudaran o curaran a UNA sola persona.

     Pero he visto a gran cantidad de pacientes suyos que fueron arruinados.

     No creo que el ciudadano medio pudiera observar uno de sus “tratamientos” de electrochoques sin vomitar.

     En una zona, cuatro de nueve personas que vemos han sido dañadas brutalmente por los psiquiatras.

     Todos los días, mi correspondencia contiene varias cartas de pacientes suyos, suplicando ayuda y el alivio de su agonía.

     Así que con todas estas pruebas por ahí, ¿cómo se puede creer todavía que algún gobierno de Occidente es ignorante del verdadero estado de las cosas?

     Así que muchos de nosotros salimos, y luchamos, y sangramos, y morimos para hacer que el mundo esté a salvo de los campos de exterminio nazis. Y nos damos la vuelta y encontramos que nuestros propios gobiernos no sólo los dirigen y los financian, sino que también cualquier esfuerzo honesto para ayudar, para encontrar mejores respuestas, es seriamente maltratado, y se le dispara, y se le rechaza.

     Durante toda la Segunda Guerra Mundial, encontré apatía y encogimientos de hombros a mi alrededor, no sólo en nuestras tropas, sino también en las de los aliados. Estos oficiales y hombres no estaban luchando por nada. La mayoría lucharon bajo protesta. En el frente, el 50% de ellos nunca disparó sus armas.

     No comprendí esto entonces. Ahora, sí.

     Estos hombres no tenían una causa real por la que luchar. Estaban dispuestos a destruir al nazi inhumano. Pero de alguna forma, sabían con cierto amargo desengaño que sus propios dirigentes tenían defectos más que suficientes para neutralizar cualquier ventaja que se fuera a ganar para el mundo.

Patriotismo continúa...



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