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NCONSTITUCIONAL GOBIERNO - 27 DE JUNIO 1969


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“Cuando una población se enfrenta a funcionarios que no siguen la Constitución, entra en un estado de inseguridad. Cuando la inseguridad es lo bastante grande, se unen a cualquier fuerza revolucionaria. Cuando se les carga con más opresión, se rebelan.
“La respuesta usual de uno de estos gobiernos es dar limosnas en un esfuerzo por comprar apoyo. No funciona”.

 L
a existencia de una Constitución no garantiza al pueblo un gobierno constitucional.

     Escritas o no, las constituciones generalmente establecen la forma de gobierno y le garantizan al pueblo ciertos derechos.

     Por lo general, los gobiernos las formulan y las señalan como evidencia de su liberalismo. A menudo, para ganar apoyo popular, les añaden declaraciones de derechos muy valiosas que garantizan la libertad individual, el juicio con jurado, la confrontación con los acusadores de uno, la libertad de religión y de expresión y otras características deseables.

     Pero el producto final es un “fraude” de un alcance fabuloso.

     Se descubre que los miembros del gobierno elegidos y nombrados, y sus empleados, están todos “por encima de la ley”. Ellos no están obligados en modo real alguno a actuar según la Constitución o una Declaración de Derechos.

     Los departamentos y oficinas del gobierno actúan de manera habitual sin ningún respeto en absoluto por la Constitución.

     En EE.UU. existe el Tribunal Supremo para revocar la inconstitucionalidad del gobierno. Pero uno raramente llega a este con un caso, a menos que tenga decenas de miles de dólares para los costes legales; e incluso cuando uno gana una sentencia del Tribunal Supremo, el empleado u oficina gubernamental cuyas acciones inconstitucionales causaron el problema en un principio quedan sin ser castigados ni reprendidos.

     Casi todos los problemas de un país se deben a que el gobierno, por medio de sus empleados, está actuando de un modo perfectamente inconstitucional.

     Esto provoca en la población una desconfianza en el gobierno existente y que lo repudien.

     Ya que los empleados del gobierno, elegidos o nombrados, no actúan en el marco de la Constitución, el público los considera unos farsantes o conquistadores e intrusos.

     Surgen los grupos revolucionarios. Cualquier enemigo extranjero encuentra seguidores. El público protege a los criminales. Nadie se acerca a la policía. Y el producto final es, en el mejor de los casos, una rebelión y, en el peor, la muerte de una civilización.

     En una democracia se supone que el “servidor público” gubernamental actúa con, para y por el pueblo. Pero el público ve en él a alguien extrañamente exento de la ley y a un servidor de grupos de interés especial solamente.

     La imagen de un gobierno declamando con voz hueca la Constitución y aun así actuando como una casta de superhombres, mina el patriotismo al resultar increíble. El público reacciona frente a esta falsedad con resistencia manifiesta. Cada vez se necesita más fuerza para controlar a la población, y finalmente hay una rebelión o la nación degenera y muere.

     Como el público no puede golpear al individuo del gobierno que está actuando de manera inconstitucional, golpea a todo el gobierno. Ningún gobierno puede permitirse ni siquiera un empleaducho tirano, y muchos menos un comportamiento inconstitucional en todos sus departamentos.

     En Estados Unidos, el pueblo le tiene mucho cariño a las libertades constitucionales prometidas por los padres fundadores.

Gobierno inconstitucional continúa...



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