SOBRE LAECONOMÍA


M

ientras que los sesenta todavía seguían constituyendo en general los “años dorados” del desarrollo económico occidental, LRH demostró estar en lo cierto al sugerir que no todo era tan de color de rosa como los economistas imaginaban. A decir verdad, justo a la vuelta de la esquina fiscal, se encontraba todo lo que asociamos con el principio de la década de los setenta, incluyendo: el cuadruplicar el costo del combustible, los índices de intereses de usura y, como LRH señala una vez más, el colapso total de un sistema monetario mundial basado en el dólar respaldado por oro. Como consecuencia, vino todo lo que asociamos hoy con una recesión inflacionaria subsecuente a nivel mundial, incluyendo: un descenso constante del salario medio en cuanto a poder adquisitivo real, un índice de desempleo superior al 10% y más en una gran parte de Europa occidental y, especialmente como consecuencia del incremento de los impuestos para el plan de seguridad socialista, lo que ha sido descrito apropiadamente como una “cultura de odio en crecimiento”.
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     Al mencionar los intereses de la psiquiatría en el campo económico, LRH está ocupándose de los eslabones más intrigantes de todos, entre intereses muy acaudalados y la psiquiatría. Por ejemplo, un escrutinio detallado de la Federación Mundial de Salud Mental durante los años 60 y 70 revela muchos vínculos con los intereses bancarios británicos, mientras que un escrutinio análogamente detallado de la financiación de la psiquiatría norteamericana revela el apoyo constante de la Fundación Rockefeller desde principios de los años 20, especialmente en lo que respecta a lo que los directores de la Fundación describen como la “contribución potencial” de la psiquiatría a la educación, la sociología y “al asunto general del vivir”.

     El que LRH se concentrara además en que los economistas no predijeran ni explicaran lo que siguió al final de esos años dorados, también es muy significativo. Pues la verdad es que, al citar el fallo de las teorías de Keynes –y por tanto de la fuerza impulsora de la teoría económica durante medio siglo– está citando lo que sólo ha sido reconocido recientemente; es decir, el dramático descenso de la inscripción de estudiantes en programas de graduado en economía, el cierre de los departamentos de economía en muchas corporaciones importantes, e incluso el abandono federal de lo que los economistas mismos ahora describen como “una ciencia deplorable”.



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