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“La inflación está a la orden del día. Pocos gobiernos occidentales llevan a cabo acciones que no causen inflación: es decir, devaluar el poder adquisitivo del dinero gastando más dinero que el producto que hay para absorberlo”.

     Los ciudadanos de esa nación, por tradición están decididos a nunca, nunca, nunca ser esclavos. Pero aquí vienen las cadenas, un eslabón por cada centavo que suba el costo del pan. Cuando un trabajador debe gastar 100 libras a la semana para mantenerse y mantener a su familia, el gobierno se quedará con 50 libras, dejándolo con medias raciones. Y cuando tuviera que gastar 250 libras a la semana para conseguir alimentos, ropa y habitación, sólo obtendrá el 25 por ciento de eso, aunque se le pague esa cantidad, debido a la escala móvil de impuestos sobre la renta, y morirá de hambre.

     Siendo caritativo, es posible que los líderes de estos países no sepan estas cosas y se les esté aconsejando mal o estén confusos. Pero de ser así, ¡quienes los aconsejan deben ser gente perversa!

     Una manera de proceder muy apropiada para el país sería abandonar el imperio que ya no le interesa a ningún ciudadano de ese país, interrumpir todos sus fondos de ayuda y de defensa para territorios que de todas maneras odian a los británicos. Entonces, o al mismo tiempo, iniciar un intenso programa de investigación para descubrir cómo producir suficiente alimento para su pueblo, retirar todas sus barreras comerciales, cancelar los proyectos que hacen del impuesto sobre la renta algo vital, y prosperar más allá de todo lo imaginable.

     No se pueden cobrar impuestos de la nada. Y si los impuestos reducen al productor a cero, entonces lo mismo le pasa a la tierra.

     El visionario de ojos brillantes (con algo de demencia visible a través del brillo) delira sobre la utopía y los bellos sueños y los bellos planes de diversas soluciones políticas.

     Se supone que abrirán un nuevo futuro brillante, si hoy nos limitamos a apretar los dientes y nos morimos de hambre.

     No existe una filosofía política que alguna vez pueda resolver o vaya a resolver los problemas económicos, ya que son dos campos distintos, ¿o no?

     Cuando Marx los unió, le dio al hombre supresivo una herramienta terrible.

     Muchas de las quejas del marxismo son justas, muchas son bastante reales. Pero Marx erró al tratar de resolverlas.

     Ya que cada vez que propuso una solución, sea cual fuere la solución que propuso, ofreció un gobierno como parte de ella.

     Los gobiernos no siempre son dirigidos por hombres cuerdos.

     El hombre de la calle no tiene garantía de que su gobernante no esté “chiflado” en realidad.

     Si nosotros, como Cienciólogos, tuviéramos algo que ver con el gobierno, sólo sería para garantizar que los gobernantes no fueran supresivos y dementes. Y ahí termina nuestro interés.

LA PREGUNTA

     La relación de cualquier hombre con la economía es sencilla.

     “¿CÓMO PUEDO VIVIR?”

     A eso se añade la pregunta: ¿cómo pueden vivir quienes dependen de él y su comunidad?

     Siempre que una persona hace esta pregunta o cualquier versión de ella a esta compleja sociedad actual, está preguntando: “¿Qué es la economía?”.

     En este artículo, a pesar de ser corto, se enumeran todos los factores vitales de la economía.

     Lo que necesita garantizarse es que el destino económico de las personas no sea dirigido por hombres que odian y que no estarán cómodos hasta que todos los demás hombres sean esclavos.

     La respuesta a largo plazo a la pregunta “¿Cómo puedo vivir?” es nunca trabajar para una empresa supresiva y no apoyar a un gobierno supresivo. Y trabajar para ponernos en una posición en la que garanticemos que los líderes sean cuerdos.

L. Ronald Hubbard

     L. Ronald Hubbard



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