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A
l sugerir que la “revolución planeada” de la psiquiatría está condenada al fracaso en presencia de Scientology, LRH se refiere a los largos y constantes esfuerzos victoriosos de los Cienciólogos para detener la marea psiquiátrica. En este dramático primer paso hacia ese final, y como se indica anteriormente, fueron los Cienciólogos los que pararon el sonado proyecto de Siberia de 1956.

     Para citar aunque sólo sean algunas de las victorias resultantes: a continuación de su denuncia del abuso psiquiátrico entre nativos de Sudáfrica, los Cienciólogos de la Comisión Ciudadana por los Derechos Humanos (CCHR) provocaron la investigación en el tema del Ministerio de Salud de Sudáfrica. Como consecuencia vinieron el procesamiento judicial por crímenes psiquiátricos y el borrador de la declaración de los derechos de los pacientes que sería un hito histórico. Tras la denuncia de horribles crímenes psiquiátricos similares en Italia, los Cienciólogos se mantuvieron firmes al frente de las investigaciones parlamentarias italianas sobre el abuso psiquiátrico y el cierre de 91 establecimientos psiquiátricos estatales. Luego, una vez más, los Cienciólogos encabezaron la cruzada contra el abuso psiquiátrico en Grecia y Nueva Zelanda, mientras inspiraban la prohibición del tratamiento electro-convulsivo en Texas y California.

     También, después, y como testimonio tan solo de lo que esa frase “abuso psiquiátrico” implica, llegó la denuncia de Scientology sobre las instalaciones de Chelmsford, en Sidney, Australia. Como se informó internacionalmente, los Cienciólogos que trabajaban en CCHR pusieron al descubierto los ahora infames experimentos del “sueño profundo”, donde se dejaba inconscientes a los pacientes durante semanas y semanas y eran sometidos a docenas de tratamientos de choque a diario, y naturalmente no se les decía nada de lo que habían padecido cuando finalmente se les despertaba de su sueño inducido por las drogas. Finalmente, estos descubrimientos dieron como resultado una Investigación Real sobre los abusos de Chelmsford, la primera de estas investigaciones que jamás se haya hecho en el campo de la salud mental.

     También está este revelador final del horror de Chelmsford: en vísperas de su testimonio previsto, y para evitar los cargos criminales, el psiquiatra jefe de las instalaciones, el Dr. Harry Bailey, se tomó intencionalmente una dosis mortal de exactamente la misma droga que había suministrado a sus pacientes. Entonces se quitó la vida con una pistola. Parece que tenía mucho que temer. El fallo y recomendaciones de esta Investigación Real no sólo dieron indemnizaciones monetarias a las víctimas de Chelmsford, sino que también llevaron reformas generalizadas al sistema de salud australiano y a la aprobación de otra declaración más de los derechos del paciente.

     Como palabras finales en este tema, se puede destacar que en el momento del artículo de LRH, era inaudito que cualquiera de los psiquiatras fuera considerado responsable de las atrocidades cometidas en nombre del “tratamiento”. Aún hoy, en sólo los doce meses previos a este escrito, y sólo en los Estados Unidos, los Cienciólogos se han asegurado de que a más de un millar de psiquiatras se les investigara o se les encausara bajo cargos criminales, que otros cien psiquiatras fueran convictos y pasaran a cumplir condena, y que otras cien instalaciones psiquiátricas más permanezcan ahora cerradas permanentemente. Luego, asimismo, para parar esta “revolución planeada”, los Cienciólogos han asegurado con éxito hasta ahora los derechos del paciente con la aprobación de treinta proyectos de ley en todo el mundo; y no han sido otros, sino los Cienciólogos quienes encabezaron en 1991 la “declaración de derechos” de la salud mental de las Naciones Unidas, promulgada de manera unánime para la protección de los pacientes en cualquier lugar.

La revolución planeada



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