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 A
modo de breve introducción a lo que LRH ofrece sobre la configuración psiquiátrica del estudiante fallido, tengamos presente la imagen más amplia de la subversión psiquiátrica a través de la educación occidental. Por ejemplo, como consecuencia de un mandato del Congreso de los Estados Unidos que introducía la psiquiatría en el sistema escolar, vino no sólo un perturbador declive en el rendimiento escolar de la enseñanza americana, sino por lo menos dos generaciones de niños drogados también. El ejemplo que viene al caso, por supuesto, es el diagnóstico del estudiante “inquieto” de la escuela elemental –comportamiento bastante común para un niño de seis o siete años de edad– diciendo que padece una “enfermedad” inventada: Trastorno de Falta de Atención o “hiperactividad exacerbada”. En realidad, el Trastorno de Falta de Atención no es nada más que la justificación psiquiátrica para drogar a esos niños; es decir, el psiquiatra declara que el niño no debe permanecer en la escuela a menos que tome medicación; y entonces distribuye Ritalin, primo hermano adictivo de la anfetamina, a manos llenas. Y mientras tanto los psiquiatras amontonan millones de dólares, mientras que sus hermanos, dentro de la industria farmacéutica, se llevan miles de millones. Entonces, además, la sociedad recibe otro drogadicto de por vida y, así, otro cliente para los otros psicotrópicos comercializados para aún más enfermedades inventadas.

     Siguiendo los pasos de LRH, los Cienciólogos, a partir de mediados de los 80, trabajaron larga y duramente por los derechos de los padres a rehusarse a aceptar los diagnósticos psiquiátricos, y mantener así a sus hijos en la escuela, pero sin drogas. Mientras, como una indicación de hasta dónde los Cienciólogos habían profundizado con este asunto en la trama social y, en consecuencia, cómo el mundo ve ahora el tema, viene un artículo editorial del Wall Street Journal en 1997. En otros tiempos firmemente partidario de las políticas psiquiátricas, y aunque diez años demasiado tarde, parece que hasta el Journal finalmente tuvo que admitir el fraude. Titulado “El Desastre de la Falta de Atención”, el Journal ahora también condena así la maniobra del Ritalin: “Los niños están aprendiendo una lección temprana sobre la moralidad de los 90 en Norteamérica: no tomes responsabilidad por tu propia conducta; al contrario, declara que eres víctima de impulsos incontrolables, busca ayuda profesional y empieza a dar excusas”.

Los estudiantes víctimas



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