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LOS CRIMINALES Y LA PSIQUIATRÍA - 29 DE JULIO DE 1980


 P
rácticamente todo crimen horroroso moderno ha sido cometido por un criminal conocido que había estado yendo y viniendo de las manos de psiquiatras y psicólogos, a menudo en muchas ocasiones.

     No hay una razón en particular para que enumeremos las interminables historias de caso sobre esto; aparecen con demasiada frecuencia en las crónicas de los noticiarios, y los archivos de los periódicos están llenos de ellas. Y a medida que se descubren tales historias, se encuentra que el perpetrador tenía un largo historial, algunos incluso desde la infancia, de tratamiento psiquiátrico y psicológico.

     Tal registro de fracasos no parece llamar la atención de los legisladores, y estos continúan virtiendo dinero a raudales en las arcas de los psiquiatras, psicólogos y sus organizaciones. Según encuestas, la mayoría del público parece estar consciente del estado de las cosas, si no es que de todos los hechos: los únicos clientes reales que tienen los psiquiatras y psicólogos, son los gobiernos; el público no va a ellos por su propia voluntad.

     La visión más benévola de esto sería que los psiquiatras y los psicólogos son simplemente incompetentes. Pero se pueden extraer otras implicaciones más siniestras.

     Desarrolladas a finales del siglo XIX, aparecieron en el escenario militarista de una Alemania en proceso de rearme y con mentalidad de conquista. En aquella época, el archicriminal Bismarck estaba poniendo los cimientos para las matanzas de la Primera y Segunda guerras mundiales. Encajaba con la filosofía del militarismo el que el hombre fuera un animal y que no existieran ni el alma ni la moralidad que se interpusieran en el camino del asesinato en masa que es la guerra.

      Hasta aquel momento la Iglesia tuvo cierta influencia sobre el estado y posiblemente cierto poder para refrenar la bestialidad y la conducta salvajemente demente; y por pequeña que esta pudiera haber sido, era incompatible con las malvadas ambiciones de los militaristas. Que el hombre era, después de todo, sólo un animal, sin alma y sin derecho a ninguna decencia, estaba destinada a ser una doctrina popular. Que la demencia consistía en impulsos de dañar a otros, habría sido una idea muy impopular para los jefes de gobierno que no tenían otra cosa en mente. De modo que la noción de que la demencia era una enfermedad física se aceptó con avidez.

      El principio básico de la psicología es que el hombre es simplemente un animal. El principio básico de la psiquiatría es que la demencia es una enfermedad física. Ninguna de ellas tiene prueba alguna de que estos principios sean correctos. Que el hombre pueda reducirse a un comportamiento animal no prueba que esa sea su verdadera naturaleza básica. Que algunas enfermedades físicas también produzcan aberración mental, no prueba que alguna “enfermedad mental” tenga bacterias o virus, y de hecho jamás se ha aislado ninguno.

     Los instigadores, patrocinadores y defensores de estos dos temas pertenecen de manera plena y demostrable a la categoría de criminales.

Los criminales y la psiquiatría continúa...


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