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EL PROPÓSITO DE UN TEMA
Toma por ejemplo la situación de la aritmética. Al no tener en estos días una finalidad finita por sí misma, es casi imposible enseñarla, y tienes alumnos en la escuela a los que les va muy mal en este tema. Desafío a la mayoría de los maestros que la están enseñando a que te den un producto final para saber aritmética. Ellos dirán que hay que saberla porque es fundamental para muchos otros temas. Todo eso está muy bien, pero entonces estamos hablando de otros temas, no de aritmética.
Es interesante descubrir lo diestro que se esperaba que uno fuera en aritmética en 1888. Los problemas que se resolvían mediante la aritmética son hoy en día los problemas del álgebra.
Es una revelación que esto pueda hacerse, y tiene mucho más sentido. Esta incorrección es también muy obvia en universidades donde, por ejemplo, se espera que resuelvas con cálculo infinitesimal los problemas de ingeniería que se pueden resolver con aritmética.
La aritmética es, pues, un tema moribundo, y está muriéndose porque nadie está definiendo su propósito al estudiante. ¡Se ha convertido en un tema auxiliar que evita que te den menos cambio del que deberías recibir!
A medida que el propósito de un tema desaparece, desaparece también el tema de la comprensión del hombre. Se extingue gradualmente, no sólo en la sociedad, sino también en el individuo. Ambas declaraciones son verdaderas. La primera es tan verdadera que casi es una tontería, pero la segunda no es una tontería y no ha sido detectada. SI EL INDIVIDUO AL QUE SE LE ESTÁ ENSEÑANDO NO HA COMPRENDIDO EL PROPÓSITO DEL TEMA, ENTONCES ESE TEMA SE EXTINGUIRÁ GRADUALMENTE EN EL INDIVIDUO. Puede tener un propósito tremendo, pero si no se está enseñando ese propósito, entonces el estudiante fracasará totalmente en su estudio del tema.
Una persona no puede ser educada en un tema que no termine en una actividad específica, ya que esa persona no tiene forma de verificar si alguna vez aprendió algo. Esto proporciona la diferencia entre un estudio muerto y un estudio vivo: el segundo tiene un propósito y un uso, su uso se extingue gradualmente por falta de necesidad del tema o simplemente por no definir su propósito como parte del proceso educativo.
Los estudios que carecen de propósito se vuelven obsesivos. Alguien está estudiando obsesivamente algún tema muerto, nadie sabe de qué está hablando, por qué lo está estudiando; no tiene ningún uso, y de cualquier forma no tiene mucho interés. El pobre tipo nunca puede comunicar su tema por la simple razón de que la comunicación resulta difícil: las personas dejan de escuchar porque ya no tiene ninguna utilidad para ellas. Esta situación es común en el campo de la educación.
Así que para que un tema educativo exista y continúe siendo un tema en el cual uno se pueda educar, o si esperas que alguien se eduque en el tema, este tiene que tener un propósito que se pueda ver que es una acción alcanzable. El valor del tema depende simple y totalmente del valor de alcanzar ese propósito expresado. Ahí tienes un tema que continúa a través de los milenios; sólo se debe a que su propósito lo ha acompañado y su propósito se comprende.
Educación continúa...
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